Homofobias televisivas

Homofobias televisivas
Diario de campo
Luis Miguel Rionda
2010-01-08•Acentos
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Con el inicio del año veinte diez nos adentramos con profundidad en el siglo XXI de la era cristiana y en su tercer milenio. Suena súper dúper flamante, súper dúper moderrrrno, diría una desnalgada Alejandra. Y sin embargo nos encontramos todos los días con evidencias de que nuestra mentalidad se mantiene arraigada en el siglo decimonono, o incluso antes, en el Medievo.

El azote moral del momento está a cargo de la iglesia católica, quien con el apoyo de quién sabe cuántas iglesias evangélicas -sus viejas enemigas, ahora inopinadas aliadas en torno a la defensa de una moralidad judeo-cristiana común-, busca echar atrás la nueva opción legal de las parejas homosexuales para adoptar niños y criarlos. Esto por supuesto en el Distrito Federal, que se evidencia de nuevo como enclave liberal en un océano de tradicionalismo.

Podemos estar a favor o en contra de la nueva norma, ya que como cualquier otra pauta legal es sujeto de inevitable debate. Pero la ley puede ser dura, incluso errónea, pero es la ley. Y la forma de combatirla es mediante los recursos que prevé la misma normatividad. No es mediante el púlpito ni expresando declaraciones condenatorias que se puede echar atrás esta medida, pues a lo único que se contribuye es a infundir confusión y miedo entre los fieles, a quienes usualmente no se tiene que convertir ni convencer, pues ya lo están.

Lo que me alarma aún más es escuchar las reacciones radicales de algunos “opinadores”, que aprovechando su posición frente a medios de comunicación poderosos, como la televisión, se asumen como inquisidores y vigías de la verdad única y absoluta. El miércoles pasado se dio un desafortunado “debate” en el programa “Matutino express” de Televisa, bajo la conducción de Esteban Arce, un comentarista deportivo que frecuentemente hace declaraciones más estridentes que inteligentes. Pero al menos lo hace en torno a temas intrascendentes, por lo que sus sandeces no tienen mayor consecuencia. Pero ahora pretendió debatir con una sexóloga, Elsie Reyes, a quien la televisora contrató para emitir opiniones calificadas sobre temas de interés del público sobre la conducta sexual. La especialista estaba emitiendo una interesante opinión sobre los matrimonios homosexuales cuando fue abruptamente interrumpida por el majadero Arce, y éste arremetió con toda su carga de prejuicios homofóbicos contra la prudente sexóloga, quien hizo inútiles esfuerzos para tratar de explicarle al botarate cómo la ciencia ha hecho grandes avances para comprender la orientación homosexual, y cómo la misma está presente en muchas especies animales, particularmente entre los primates.

Arce preguntaba sin esperar más respuesta que la propia: “¿y eso es normal, la homosexualidad es normal?” Nunca quiso escuchar que el concepto de “normalidad” es subjetivo y relativo. Cada sociedad considera “normal” muchas cosas que pueden ser opuestas, y que responden a tiempos y culturas diferentes. En nuestra cultura occidental la homosexualidad comenzó a ser considerada “anormal” a partir de la caída del imperio romano y la expansión del cristianismo y su nueva moralidad sexual, muy influida por la homofobia oriental. Los griegos y los romanos no distinguían géneros en sus preferencias sexuales, y la bisexualidad era frecuente. Cuando Platón buscó definir la belleza, refirió como modelo a un joven adonis adolescente. Recordemos de la Ilíada la relación entre Aquiles y su querido primo Patroclo, cuyo asesinato desató su célebre ira. También es conocida la relación entre Alejandro Magno y su amante Hefestión, lo que no fue impedimento para contraer nupcias con Roxana o tener múltiples amantes femeninas. Los ejemplos de la época clásica son numerosos. Ninguno de ellos fue considerado “anormal”.

El mostrenco conductor televisivo neció con aseveraciones simplonas como que “la naturaleza es sabia”, pero ¿qué es eso? Se refería a que el fin único de la sexualidad es la reproducción. Esta es una convicción moralista, pero no es apoyada por el conocimiento científico existente, en particular en la Psicología y la Sociología: la sexualidad y el erotismo tienen otras funciones, entre ellas la socialización y la salud mental. La sexóloga Elsie intentó explicar lo anterior, pero fue de nuevo interrumpida por el machín Arce, quien dio punto final al debate inexistente y rebuznó: “Sale, ¡vámonos!” y se acabó el programa.

Todos podemos opinar, sin duda. Pero los que tienen acceso a medios de gran alcance deberían ponderar sus puntos de vista con mucho más cuidado, y sobre todo buscar información que tenga sustento objetivo.

ANTROPÓLOGO SOCIAL. PROFESOR INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD DE GUANAJUATO, CAMPUS LEÓN.

http://www.luis.rionda.net
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